Angustia, impotencia, resignación

Por Manuel Mudry.

Desde hace más de un año que nos ha invadido el virus que “nunca iba a llegar” y con él aparecieron progresivamente las sensaciones del título.

Primero nos angustiamos pensando en lo que iba a suceder cuando el Covid llegara a nuestras tierras…y llegó; después, al ver su avasallante expansión, nos invadió la impotencia al darnos cuenta que -en muchos casos- toda lucha sería inútil; finalmente, y a pesar de la vacuna, la gente se muestra resignada, convencida de que a pesar de todos los esfuerzos “la suerte está echada”.

Tal vez nunca tendremos una explicación coherente y mucho menos sensata que nos permita entender por qué pasó lo que pasó, es muy probable que si esa respuesta llega algún día, muchos de nosotros ya no estaremos.

“Priorizamos la salud antes que la economía” dijo alguien- y nos encerraron un año. El resultado no fue el esperado y volvemos a tropezar con la misma piedra, aunque el pueblo ya no es el mismo y todo puede suceder…

Es muy fácil decir “quédate en casa” desde una panza llena y con el bolsillo bien cargado.
La gravedad de la Pandemia no se condice con la actitud un gobierno que vuelve a pedir, por enésima vez en la historia, “un sacrificio al pueblo”, mientras sus funcionarios siguen gozando las mieles del poder, empalagados en su propia soberbia, cargada de resentimiento.

Hubiera sido bueno que la empatía reclamada hubiera comenzado en las más altas esferas del poder pero no; siguieron sembrando el pánico mientras se hacían negocios con los insumos, se condicionó a la Justicia y ahora se especula con las elecciones.

No hubo un solo gesto de los que mandan hacia un pueblo que ya está harto de soportar tanta prepotencia para tapar la ineptitud, decirle “inútil” sería demasiado ofensivo, aunque tal vez sea el calificativo que más le cuadre.

No querían hacer creer que éramos un ejemplo para el mundo y terminamos siendo “el último orejón del tarro”.

Sin embargo, nuestra clase dirigente sigue haciendo proyecciones hacia un futuro sin horizonte, anunciado obras que seguramente nunca se harán porque ya no hay plata, prometiendo cosas que nunca cumplirán; como parte de un vademécum que se aceita en cada elección, pero que esta vez cumple todos los atributos de una farsa, empezó como comedia y termina como tragedia.

Quien diría, este final…para un país donde fuimos tan felices y no nos dimos cuenta.