
El policía verense relató en primera persona el clima que se vive en la fuerza de seguridad santafesina. Con 22 años de servicio, dijo que “siempre se estuvo así, pero ahora se nota más”.
El agente policial grabó un video en el que describió el “abandono” que se siente por parte de la conducción de la fuerza. Fue luego de que se conociera la carta pública de Tatiana Alderete, oriunda de Vera, que pidió baja de la institución y expuso la falta de acompañamiento.
Mati Molina, efectivo policial con 22 años de trayectoria en la Policía de la Provincia de Santa Fe, expresó públicamente el profundo desgaste físico y emocional que atraviesa, en sintonía con el testimonio de Tatiana Alderete, la agente verense que días atrás presentó su renuncia y cuyo caso tuvo fuerte repercusión.
En un mensaje grabado al llegar a la ciudad de Vera tras una extensa jornada laboral, Molina contó que comprende “cada detalle” del descargo realizado por Alderete y aseguró estar atravesando una situación similar. “Tengo 44 años y le dediqué media vida a la institución. Hoy siento cansancio, estrés y angustia”, expresó.
El policía relató que ingresó a la fuerza en 2004 con expectativas de progreso, estabilidad y desarrollo familiar, objetivos que —según señaló— hoy están muy lejos de cumplirse. “Antes soñábamos con tener nuestra casa, un auto, vacaciones. Hoy tenés que trabajar muchísimas horas extra para llegar a fin de mes, o buscar otro ingreso”, explicó.
Molina hizo hincapié en el abandono del personal policial, remarcando las largas distancias que muchos efectivos deben recorrer para trabajar, los horarios desgastantes y la falta de acompañamiento institucional. “Eso genera un cansancio físico y mental enorme. No estoy bien, me agota, me genera angustia”, afirmó.
Asimismo, señaló una marcada desigualdad dentro de la fuerza. “Los únicos que la pasan bien son los jefes que cobran millones. Los que estamos abajo cobramos un cuarto de eso y somos siempre el último orejón del tarro”, sostuvo, aclarando que su reflexión no tiene un tinte político, sino que surge desde su rol de trabajador policial.
Visiblemente conmovido, Molina reconoció que evalúa seriamente dejar la institución. “Siento que estas pueden ser mis últimas guardias. Amo la policía, me crié en una familia policial, pero hoy ya no me hace feliz”, expresó, destacando que su prioridad es cuidar su salud física y mental.
A pesar de las críticas, agradeció los años vividos dentro de la fuerza, los compañeros, las amistades y los valores adquiridos. “Tuve años maravillosos, aprendí respeto, disciplina y educación. Pero hoy uno da mucho y no recibe nada a cambio”, concluyó.
El testimonio de Molina se suma a otras voces que exponen una problemática estructural dentro de la fuerza policial, vinculada al desgaste laboral, la falta de contención y las dificultades económicas, poniendo nuevamente en agenda el debate sobre las condiciones de trabajo y la salud mental del personal de seguridad.























