El miedo y el silenciamiento

Comunicado de ATE Reconquista.

Hace mucho tiempo que la historia de las luchas por la emancipación de las personas viene dando sobradas muestras de que el sometimiento es un avasallamiento de la libertad del otro. En esa lógica no existe un otro. Existe un “objeto” a ser “usado”.

En la salud, hace tiempo que esta provincia viene produciendo acontecimientos de descolonización del pensamiento único que plantea el modelo médico hegemónico. La construcción de un sistema más integral se viene dando desde hace mucho tiempo. La salud como derecho es un horizonte, que irrespetuosamente fue fechado por la OMS con “Salud para todos en el año 2000”. Bueno pasamos el 2000 y acá estamos todavía discutiendo, resistiendo y luchando contra un modelo que sigue sustentando a la enfermedad como negocio y en base a eso arremete.

Desde el sistema público de salud en toda su amplitud de variantes, todavía existen fueguitos que se encienden para resistir y hacer propuestas innovadoras y superadoras a lo tecnoadministrativo y procedimental del modelo de la industria biomédica. Pero sabemos del poder de éste modelo, poder que se irradia a todos los rincones del sistema de salud. Poder que se instala, en las cabezas y en los cuerpos de los trabajadores y trabajadoras que día a día buscan un sentido a su profesión.

Poder que como capilares llega a cada trabajador y cada trabajadora a través de técnicas disciplinarias que controlan y vigilan. Instrumentos que por momentos son sutiles, pero también tiene otros más duros y restrictivos que en determinados momentos son necesarios hacerlos aparecer para aleccionar a aquellos díscolos que osan cuestionar el aparato. Así el miedo se instala. Miedo a hablar, a cuestionar, a criticar, a pensar, a crear, a proponer. El miedo como herramienta disciplinadora que merodea el ambiente de trabajo silencia, enmudece, retrae, encierra, paraliza.

Hoy, más allá del temor que instala el poder, los trabajadores y trabajadoras de la salud tenemos miedo. Miedo a lo desconocido de éste virus. Miedo al contagio. Miedo a ser trasmisores de esta enfermedad a los nuestros. Miedo a nuestros propios cuerpos. Pero éste miedo es lógico, y hasta podríamos decir “normal”. Un miedo que nos hace reflexionar sobre lo que hacemos y como lo hacemos, sobre lo que tenemos y como usamos eso que tenemos. Un miedo que nos mantiene alerta. Un miedo que nos permite ir para adelante.

Ese miedo que tuvieron y tienen esos trabajadores y trabajadoras de la salud del Hospital Regional Reconquista, del 107 y de los centros de salud, que éste último fin de semana fueron vilipendiados por el sistema. Trabajadores y trabajadoras de la salud que querían saber que tenían, no para irse a sus casas, sino para volver a trabajar. Demostrando un compromiso único ante esta realidad.

Pero como el sistema de salud en este lugar del mundo sigue con ese chip disciplinador, lejos de escuchar sus malestares y pareceres intentó e intenta hacerlos callar, ponerles el dedo en la boca para que no hablen. Lejos de ponerse a la altura de las circunstancias, siguieron con su lógica temeraria, hasta ahora la única que se ha visto, queriendo justificar a un Comité de COVID-19 del Hospital (solo de médicos) cada vez más cuestionado. Y al miedo lógico a lo desconocido, se le sumó nuevamente ese miedo que somete, que genera vínculos amenazantes que silencian, obturan y oprimen palabras, gestos, posiciones, argumentos.

Ahora la herramienta de silenciamiento desde el hospital y su Consejo de Administración es “el inicio de actuaciones administrativas investigativas”, para aquellos que hablaron de sus miedos. Esos mismos que creyeron llevar el virus en su cuerpo porque trabajaron, ahora son investigados. Esos y esas mismas que pusieron y ponen cotidianamente sus cuerpos en su trabajo para brindar salud, son investigados.

Esos que durante el último fin de semana fueron masacrados por cierta prensa connivente y genuflexa que se entrega al mejor postor del “mercado local”.

¿Cómo se explica que hace unas semanas atrás el intendente de Reconquista y el senador del departamento General Obligado violaron la cuarentena en el cementerio de la ciudad, y hace apenas dos día el senador y el intendente de Avellaneda convocaron a una movilización de miles de personas y no se haya hecho nada al respecto? ¿Por qué ensañarse así con aquellos que son la primera línea de cuidado y nunca bajan los brazos?

Las institucionalidades son vapuleadas y bastardeadas en este norte santafecino por aquellos que ejercen el poder y no pasa nada. ¿Qué autoridad moral hay en esos dirigentes? Mientras pasan estas cosas, los trabajadores y trabajadoras de la salud que cumpliendo su trabajo dejan el cuero, son perseguidos y castigados.

Tenemos la paciencia ya agotada porque nuestros salarios no han sido recuperados con las paritarias, pero respetamos el momento que estamos viviendo no queremos hacer movilizaciones, ni asambleas porque queremos cuidar a los trabajadores y trabajadoras de salud. Pero todo tiene un límite.

Los gremios locales hemos entendido que la construcción es colectiva y queremos dejar en claro para toda la comunidad, que cada trabajador y cada trabajadora del sistema de salud del norte santafecino, va a hacer todo lo que esté a su alcance para garantizar el derecho a la salud de todos y todas.

No somos héroes, ni queremos serlo. Somos trabajadores y trabajadoras de la salud que elegimos una profesión que tiene como objetivo cuidar, curar, asistir, acompañar, proteger, escuchar, mirar, atender, velar, estar disponibles.

En realidad no pedimos mucho, sólo que se nos respete y cuide. Que parece hoy, acá en este lugar del mundo un acto revolucionario.

Somos trabajadores y trabajadoras imperfectos y llenos de dudas, pero con una dignidad, una responsabilidad y una actitud ética intactas.