
Por Gabriel Duarte – Periodista
No conocí personalmente a Roberto “El Dete” Bordón ni compartí con él una radio o una cobertura, como sí ocurrió con tantos otros colegas. Pero al volver sobre una entrevista que Ricardo Musso le realizó en junio de 2024, en A Mi Manera, descubrí una historia que me dejó pensando.
El Dete hablaba sin complejos, con naturalidad, sin intentar construir un personaje. De chico había convertido un tarro de leche Nido en micrófono y, cuando tuvo la oportunidad de hacer radio, vendió su bicicleta para pagar su primer espacio. “De abajo, nada de arriba”, decía. Detrás de aquella sencillez había algo que ningún recurso puede reemplazar: pasión.
La radio le dio un lugar y una voz propia, y él supo sostenerlos durante más de dos décadas. Habló de los problemas de la gente, de política, de fútbol, de su querido Estudiantes y de sus convicciones. No escondía lo que pensaba. También reconocía sus errores. “La peleé, como en la vida”, resumió.
Quizás quienes hacemos comunicación en pueblos y ciudades pequeñas sabemos bien lo que significa: muchas veces cuesta el doble. Faltan recursos, sobran prejuicios y cada palabra repercute mucho más cerca. Equivocarse implica asumir los cuestionamientos…
No escribo esto porque la muerte vuelva buenas a las personas ni para presentar hoy a El Dete de una manera diferente a como fue. Lo escribo por lo que encontré en sus propias palabras. Me inspiró su manera de aceptarse, sin complejos ni pretensiones; reconocer sus limitaciones, valorar lo que había conseguido y seguir adelante con lo que tenía. También su constancia y esa decisión de seguir adelante cuando seguramente hubiera sido más fácil tirar la toalla. Tal vez por eso una de sus frases resume buena parte de lo que encontré en aquella entrevista: “Yo siempre igual. Yo no cambio nunca”.




















