
Ante la posibilidad de que el fenómeno de El Niño extienda sus efectos hasta julio de 2027, la Sociedad Rural de Santa Fe advirtió que los productores agropecuarios deberán tomar decisiones estratégicas anticipadas. Así lo señaló el dirigente Juan Carlos Pujato, quien remarcó la necesidad de planificar las próximas campañas agrícolas y ganaderas para mitigar el impacto de los excedentes hídricos en el centro norte provincial.
El campo santafesino comenzó a prepararse para un escenario de lluvias que podría extenderse durante los próximos meses y tener un impacto directo sobre la producción agrícola y ganadera. Desde la Sociedad Rural de Santa Fe advierten que el fenómeno de El Niño podría prolongarse hasta julio de 2027 y que el momento más complejo se configuraría durante el otoño de ese año, coincidiendo de lleno con el período de trilla y cosecha en la región.
La preocupación institucional no parte únicamente de las proyecciones climáticas a mediano plazo. En distintas zonas de la provincia, los productores ya vienen atravesando severos problemas vinculados a los excesos de agua en los perfiles. Uno de los casos más resonantes se registró desde abril en el norte santafesino, donde las precipitaciones ocurridas aguas arriba, en Santiago del Estero y zonas aledañas, afectaron de manera directa la dinámica de la cuenca del río Salado.
Obras inconclusas
Juan Carlos Pujato, referente de la Sociedad Rural de Santa Fe, explicó que los inconvenientes hídricos se hicieron visibles en sectores productivos ubicados entre Vera y Tostado, particularmente sobre el eje de la ruta 98 y en las adyacencias de los arroyos Golondrina y Calchaquí. Según señaló el dirigente, en aquel momento todavía no se había consolidado el actual escenario climático, por lo que las marcas de agua acumulada no podían atribuirse de forma directa al fenómeno en curso.
Con el avance del líquido sobre los campos, surgieron sospechas técnicas sobre posibles obstrucciones en la circulación natural de los excedentes. Finalmente, tras las inspecciones de rigor, se detectó un terraplén vinculado a una obra inconclusa del proyecto Circunvalar, a la altura de Candioti, que estaba estrangulando el normal escurrimiento hacia los Bajos Submeridionales y zonas bajas.
“Las imágenes que se veían, que por ahí son un poco catastróficas, se están sufriendo desde abril”, graficó Pujato, quien destacó que la articulación permitió detectar la falla estructural y liberar el sector para descomprimir los campos.
Planificación
Frente a este panorama, la Sociedad Rural de Santa Fe organizó recientemente una jornada técnica para analizar el comportamiento climático, convocando a la especialista Stella Carballo. Uno de los ejes centrales del encuentro fue la necesidad de anticiparse a los escenarios de abundancia hídrica para ajustar las decisiones de siembra y la rotación de cultivos en la zona núcleo y el centro provincial.
En términos agronómicos, los años con mayor disponibilidad de agua suelen favorecer el desarrollo general de la agricultura y potenciar los potenciales de rinde. Sin embargo, la paradoja se presenta cuando las precipitaciones excesivas rozan los momentos críticos del ciclo productivo.
El mayor nivel de alerta está puesto en el otoño de 2027, momento en que las lluvias podrían solaparse con las labores de cosecha de gruesa. Ante este cuadro, la posibilidad de anticiparse permite modificar parte de la estrategia productiva, inclinándose por materiales o variedades que muestren mayor resiliencia ante los excesos de humedad.
Manejo de hacienda
En el segmento ganadero, el impacto del agua también obliga a replantear el manejo de los planteos de cría e invernada. En las áreas que ya registraron anegamientos o acumulación excesiva, algunos productores debieron iniciar desde abril un reordenamiento de la carga animal, recurriendo a ventas anticipadas para descomprimir los campos.
“Fue un proceso, te diría, un movimiento hormiga”, describió Pujato, al aclarar que no se trató de un éxodo masivo de hacienda, sino de decisiones estratégicas individuales tomadas por los productores para cuidar el recurso forrajero.
Sin embargo, mudar los animales hacia campos de mayor altura no siempre resulta una solución exenta de riesgos. Los productores deben evaluar variables sanitarias y logísticas de peso, tales como las exigencias del Senasa respecto al movimiento de hacienda, las diferencias en los niveles de control regional y la presencia de vectores como la garrapata, que complican el traslado entre zonas productivas.
Tomando como referencia el antecedente de 2016, los productores remarcan que hoy se cuenta con una herramienta clave que antes no estaba disponible con la misma dinámica debido a la macroeconomía del sector: la capacidad de anticiparse mediante el descarte estratégico de hacienda. Para el productor santafesino, el gran desafío pasará por capitalizar los beneficios de un perfil hídrico recargado, blindando al mismo tiempo el resultado económico frente a los riesgos climáticos que se avecinan en el mediano plazo.






















