Por la caída de la natalidad, en 2027 el jardín de infantes podría alcanzar una cobertura cercana al 100% sin construir nuevas salas

Evolución de la población y la matrícula de niños de 3 a 5 años. Años 2016-2025 y proyección al 2030.

La reducción de la matrícula por la transición demográfica permitiría liberar capacidad instalada suficiente para garantizar que accedan al jardín de infantes todos los niños de 3 a 5 años, sin necesidad de ampliar la infraestructura. Aunque la sala de 5 ya está casi universalizada, solo el 58% de los niños y niñas de 3 años asiste al sistema educativo formal en Argentina.

Como consecuencia de la caída de la natalidad, Argentina podría alcanzar una cobertura cercana al 100% en el jardín de infantes en 2027, sin necesidad de construir nuevas salas. Entre 2016 y 2025, la población de niños de 3 a 5 años cayó un 31%: pasó de 2,25 millones a 1,56 millones. En el mismo período, la matrícula del nivel inicial disminuyó un 12%.

Los datos surgen del último informe de Argentinos por la Educación, titulado “Cobertura actual y proyectada para el jardín de infantes”, y elaborado por Sebastián Kiguel (Universidad de Illinois), María Sol Alzú y Martín Nistal (Argentinos por la Educación). El estudio analiza la evolución de la cobertura, la matrícula y la oferta educativa en el nivel inicial, junto con las proyecciones demográficas para los próximos años.

La estimación para 2027 parte de un escenario en el que la cantidad de vacantes del nivel inicial se mantiene constante y la capacidad instalada se utiliza plenamente. Bajo estos supuestos, una reorganización de los recursos actuales permitiría que la cobertura nacional en las salas de 3 a 5 años pase del 87% actual a acercarse al 100% en la mayoría de las provincias el año que viene.

En 18 de las 24 provincias, la infraestructura disponible alcanzaría para ofrecer vacantes a todos los niños de 3 a 5 años. Sin embargo, los autores advierten que la existencia de vacantes no garantiza por sí misma una mayor asistencia. Por un lado, la distribución territorial de la oferta puede no coincidir con la localización de la población objetivo. Por otro, existe el desafío de convocar a los niños y niñas al sistema educativo y fortalecer la calidad de las experiencias educativas.

Las proyecciones del INDEC indican que la caída de la natalidad continuará durante los próximos años. Se estima que la población de 3 a 5 años se reducirá un 16% adicional entre 2025 y 2030, hasta ubicarse en torno a 1,31 millones de niños. Esto significa que habrá cerca de 250.000 niños menos en edad de asistir al nivel inicial.

Actualmente, la cobertura del nivel inicial presenta diferencias importantes según la edad. Mientras que la sala de 5 años está casi universalizada, con una tasa neta de escolarización del 99%, la sala de 4 alcanza el 87%. En cambio, la sala de 3 continúa siendo el principal desafío pendiente: solo el 58% de los niños de esa edad asiste al sistema educativo formal. Cabe aclarar que, en Argentina, existen los Centros de Primera Infancia (CPI) y otras ofertas por fuera del área de cobertura de los ministerios de educación.

Las diferencias entre jurisdicciones son especialmente marcadas en la sala de 3. Las provincias de Buenos Aires y La Rioja lideran la cobertura con cifras superiores al 70%, mientras que Corrientes, Misiones y Formosa no alcanzan el 30%. En la sala de 4 años, la cobertura oscila entre valores superiores al 90% en provincias como La Pampa, San Luis, Córdoba, Chubut y San Juan, y niveles inferiores al 80% en Tierra del Fuego, Salta y Formosa.

La cobertura del nivel inicial creció de manera sostenida durante la última década. Entre 2016 y 2025, la tasa neta de escolarización de la sala de 3 años aumentó 18 puntos porcentuales a nivel nacional. En el mismo período, la sala de 4 avanzó 3 puntos y la sala de 5 creció 1 punto.

Los mayores incrementos en sala de 3 se registraron en San Juan (+49 puntos porcentuales), La Pampa (+48 pp), Córdoba (+39 pp), San Luis (+35 pp), Neuquén (+34 pp) y Tucumán (+33 pp). Los datos muestran que buena parte de la expansión reciente del nivel inicial se concentró en las edades más tempranas, donde históricamente existían mayores déficits de acceso.

Este crecimiento de la cobertura se explica no solo por una menor demanda educativa (menos niños), sino también por la expansión de la oferta (más salas). Entre 2016 y 2025, 19 de las 24 jurisdicciones aumentaron la cantidad de secciones (salas) del nivel inicial. A nivel nacional, las secciones de sala de 3 crecieron un 28%, mientras que las de sala de 4 y 5 disminuyeron un 5% y un 7%, respectivamente.

“La educación de nivel inicial sienta las bases del desarrollo futuro. Sabemos que la educación temprana de calidad tiene impactos duraderos y puede cambiar vidas. Es una inversión con muy buen retorno y una manera efectiva de reducir las desigualdades tempranas. Sin embargo, el acceso a este nivel educativo ha sido limitado y desigual en la Argentina”, sostiene Sebastián Kiguel, coautor del informe. Y destaca “el progreso – dispar entre provincias– de la última década, reflejado en los aumentos de la cobertura y la escolarización de niñas y niños de 3 a 5 años”.

Los autores subrayan que el desafío actual no se limita a seguir ampliando la cobertura: la evidencia internacional muestra que los beneficios de la educación temprana dependen tanto del acceso como de la calidad de las experiencias educativas. Por eso, sostienen que la expansión del nivel inicial debe ir acompañada por mejoras en aspectos como la formación docente y las condiciones de enseñanza.

“La caída de la natalidad desde 2014 implicó una fuerte disminución en la demanda de vacantes en educación inicial. Esto, sumado a un leve aumento en la oferta total de secciones, resultó en una mejora importante de la cobertura. Sin embargo, hay dos desafíos que siguen presentes: por un lado, la cobertura aún no es universal y seguramente no lo será en forma automática, ya que la oferta no siempre se ajusta exactamente a las necesidades en cada espacio geográfico. Por el otro, una mayor cobertura no es garantía de educación de calidad, por lo que parece fundamental que el foco de las autoridades en los próximos años se dirija a este desafío: el mejoramiento de los resultados educativos para los niños que asisten a las escuelas de educación inicial en nuestro país”, afirma Rafael Rofman, investigador principal de CIPPEC.

“El informe pone de manifiesto que la situación en las provincias es bien dispar, tanto en el nivel de cobertura como en su evolución en los últimos años. En algunas provincias se produjo un aumento de la oferta tanto privada como pública. En otras se observa una expansión considerable en la oferta pública y una caída en la oferta privada. En un tercer grupo (conformado por CABA y Chubut) hubo una caída en las secciones de jardín de infantes tanto del sector público como del sector privado. Por último, el cuarto grupo es el de las provincias donde se expandió la oferta privada y se retrajo la oferta pública (Tierra del Fuego y Santa Cruz). La situación que enfrentan las familias en cada uno de estos grupos es claramente diferente”, analiza Cecilia Adrogué, investigadora del Centro de Estudios para el Desarrollo Humano de la Universidad de San Andrés.

“La disminución de la matrícula por la caída de la natalidad requiere de planificación para intervenir y dar lugar a demandas aún insatisfechas. Por ejemplo: el trabajo en pareja pedagógica, el estado de los edificios y sus instalaciones, las condiciones laborales de las y los educadores y su formación continua, la cobertura en zonas donde aún falta oferta de vacantes, la ampliación hacia edades más tempranas cuya cobertura sigue siendo principalmente privada, la extensión horaria y la universalización de la sala de 3. Garantizar el derecho a la educación es mucho más que asegurar el acceso a una vacante: es priorizar que las experiencias que niños y niñas reciben en las escuelas infantiles sean enriquecedoras y potenciadoras de su desarrollo y bienestar”, señala Rut Kuitca, especialista en educación de la primera infancia y miembro de OMEP Argentina.

“La caída de la natalidad impactará primero y con mayor intensidad en el nivel inicial, pero también abre una oportunidad para mejorar el acceso, la equidad y la calidad educativa. La educación inicial es un derecho y tiene efectos positivos sobre las trayectorias escolares y otros resultados sociales. Por eso, la expansión de la cobertura debe ir acompañada de una fuerte inversión en formación docente y en diseños curriculares específicos, especialmente para la sala de 3 años. Además, es necesario debatir cuestiones como la obligatoriedad, que la evidencia asocia con mayores niveles de asistencia, y la articulación de la educación temprana con políticas que favorezcan la participación laboral femenina”, plantea María Laura Alzua, profesora de la Universidad Nacional de La Plata y subdirectora del CEDLAS.